miércoles, 9 de septiembre de 2015

VOLVER: UN PROYECTO PSEUDO-PICTÓRICO DE MILTON AFANADOR ALVARADO


VOLVER 
UN PROYECTO PSEUDO-PICTÓRICO 
DE 
MILTON AFANADOR 



video

http://esferapublica.org/nfblog/santander-en-abstracto-2015/







La indagación plástica más reciente de Milton Afanador, titulada Volver, parte de su anhelo por reencontrarse con el que sería su primer amor estético: la pintura. Un amor que surgió en aquella lejana exposición de Luis Caballero, en el que hoy es el Instituto municipal de cultura y turismo (IMCUT), por allá a finales de los ochentas, y que mantuvo vivo su deseo de adoptar como forma de vida el peligroso y arriesgado mundo de las artes plásticas y visuales contemporáneas. Un amor que, al igual que otros tantos, ha pasado por los desencuentros, las traiciones y las derivas de un amante entregado a otros medios de representación –como han sido el performance y la fotografía–; pero que hoy, 2015, ha decidido regresar sin ningún tipo de rencores a la vida del artista. 








Un retorno, que, sin embargo, no puede considerarse ingenuo, ya que se ha dado a través de la abstracción post-minimalista y el placer infantil de producir manchas como forma primordial de entender la pintura. Un enfoque performático que ignora las convenciones propias del modernismo estético, específicamente aquellas que pretendían reducir la esencia de lo pictórico a estrictas configuraciones de formas y colores sobre un soporte purificado, para considerar los materiales seleccionados como pretextos para hacer declaraciones subjetivas en medio de la mezcolanza. Así, los trazos de carbón vibran al entrar en contacto con los recuerdos infantiles de aquellos asados en compañía de su familia y la tinta roja retorna en oleadas de reminiscencias de aquellas bajas calificaciones que, para vergüenza de los estudiantes, eran anotadas por los profesores con lapiceros de este color. ¡Y qué decir del jabón azul, que, según el artista, no solo sirve para que la ropa blanca no se amarille, sino que, según otros rumores más supersticiosos que ha escuchado por ahí, también funcionaría para eliminar las malas energías acumuladas de los lugares que han sido habitados por personas conflictivas! Precisamente, y debido a todas estas asociaciones, el proyecto podría describirse como “pseudo-pictórico”, ya que, a pesar de las apariencias, en él los materiales no se reducen a sus propiedades manifiestas, sino que implican pequeñas historias relacionadas con los recuerdos del artista y su necesidad de volver al pasado como fuente inagotable de energía creativa. 





Martín Alonso Camargo Flórez

Santander en abstracto | 2015

Efectivamente, este año pasaron muchas cosas en el campo de las artes plásticas y visuales santandereanas –más de las que sinceramente hubiera deseado que ocurrieran. Baste mencionar el 15 Salón regional de artistas de la zona oriente, con sus dos versiones curatoriales mutuamente incompatibles pero deliciosamente reveladoras de lo que hay por estos lares (Este: coordenadas itinerantes / Catalina Acosta y Jerónimo Duarte – Zonar, estar en situación, perforar el contexto / Óscar Salamanca, Henry Buitrago, Walter Gómez y Miguel Ángel Gélvez), la III Bienal internacional de arte “Desde aquí” (Jorge Torres, Óscar Villamizar et. al.), el Sexto salón MIRE / Memoria, Identidad, Región (Miguel Ángel Gélvez, Henry Olarte et. al.), el III Festival internacional de performance: Acciones al margen (Yamile Manrique) o las dos versiones de El centro con las Salas Abiertas (Cámara de comercio de Bucaramanga et. al.), para reconocer el ingente trabajo de un abigarrado conjunto de actores que, en medio de sus diferencias, han perseverado en tratar de consolidar un ámbito que ha sido considerado por acá, al menos la mayoría de las veces, como una excrecencia cultural.
No obstante, el que se haya hecho un ingente esfuerzo en la consecución de algo no quiere decir que sea razón suficiente para que deba recordárselo a mediano o largo plazo. Por este motivo, y en medio de tanto oropel y purpurina, quisiera abogar en estas sencillas líneas por dos modestas exposiciones realizadas durante este 2015 en la ciudad de Bucaramanga, Volver de Milton Afanador (Hotel Bucarica Universidad Industrial de Santander / 3 al 25 de septiembre) yTermografías de Edwin Calderón (Cámara de comercio de Bucaramanga / 24 de septiembre al 19 de octubre), en el intento de que en el futuro se siga hablando, así sea para mal, de estas anacrónicas terquedades de retorno a lo abstracto desde lo pictórico, en un terreno que, dada la clausura de sus posibilidades históricas, desde hace rato ha optado por profanar los estilos ya canonizados hasta llegar a lo que los gringos han denominado zombie formalism –aunque yo preferiría hablar, para el contexto colombiano, de abstracción zombie (el retorno de las manchas pseudo-vivientes).
VOLVER: UN PROYECTO PSEUDOPICTÓRICO DE MILTON AFANADOR
01. (Volver) Milton Afanador
Vista general de las pinturas que conformaban el proyecto Volver / Fotografía cortesía del artista
La indagación plástica más reciente de Milton Afanador, titulada Volver, parte de su anhelo por reencontrarse con el que sería su primer amor estético: la pintura. Un amor que surgió en aquella lejana exposición de Luis Caballero, en el que hoy es el Instituto municipal de cultura y turismo (IMCUT), por allá a finales de los 80, y que mantuvo vivo su deseo de adoptar como forma de vida el peligroso y arriesgado mundo de las artes plásticas y visuales contemporáneas. Un amor que, al igual que otros tantos, ha pasado por los desencuentros, las traiciones y las derivas de un amante entregado a otros medios de representación –como han sido el performance y la fotografía–, pero que hoy, 2015, ha decidido regresar sin ningún tipo de rencores a la vida del artista.
Un retorno, que, sin embargo, no puede considerarse ingenuo, ya que se ha dado a través de la abstracción postminimalista y el placer infantil de producir manchas como forma primordial de entender la pintura. Un enfoque performático que ignora las convenciones propias del modernismo estético, específicamente aquellas que pretendían reducir la esencia de lo pictórico a estrictas configuraciones de formas y colores sobre un soporte purificado, para considerar los materiales seleccionados como pretextos para hacer declaraciones subjetivas en medio de la mezcolanza. Así, los trazos de carbón vibran al entrar en contacto con los recuerdos infantiles de aquellos asados en compañía de su familia y la tinta roja retorna en oleadas de reminiscencias de aquellas bajas calificaciones que, para vergüenza de los estudiantes, eran anotadas por los profesores con lapiceros de este color. ¡Y qué decir del jabón azul, que, según el artista, no solo sirve para que la ropa blanca no se amarille, sino que, según otros rumores más supersticiosos que ha escuchado por ahí, también funcionaría para eliminar las malas energías acumuladas de los lugares que han sido habitados por personas conflictivas! Precisamente, y debido a todas estas asociaciones, el proyecto podría describirse como “pseudopictórico”, ya que, a pesar de las apariencias, en él los materiales no se reducen a sus propiedades manifiestas, sino que implican pequeñas historias relacionadas con los recuerdos del artista y su necesidad de volver al pasado como fuente inagotable de energía creativa.
Vista general de la cenefa que conformaba el proyecto Volver / Fotografía cortesía del artista
TERMOGRAFÍAS: CAMPOS DE COLOR EN MOVIMIENTO
Termografía I / Acrílico sobre lienzo (150 x 200 cms) / Fotografía cortesía del artista
Desde que presentara Bermejo, su primera serie de pinturas por allá en 2012, Calderón ha venido enfatizando, una y otra vez, que su trabajo podría esquematizarse en el esfuerzo de transformar registros fotográficos de procesos y elementos industriales en configuraciones pictóricas con muy poca intervención de la subjetividad. Síntesis que puede calificarse de “seca” –por no decir pseudo-conceptualista– si se tiene la sospecha de que en su intento de resumir cromáticamente las imágenes fotográficas para convertirlas en pinturas, subyace un ímpetu que valdría la pena desentrañar con más calma. Por el momento, bastará con señalar que estas piezas surgieron no solo de la fascinación estética del artista respecto a las formas generadas por los monitores utilizados en la lectura de los procesos de purificación de los hidrocarburos, denominadas tendencias de procesos, sino del placer de duplicar pictóricamente las tierras rojas existentes en el municipio donde ha vivido por más de quince años, y cuyo nombre el lector ya sospechará.
Ahora bien, y aunque esta haya sido prácticamente la misma estrategia implementada para producir las obras que conforman la serie Termografías, ha de insistirse en que una descripción tan impersonal del proceso, en términos de resumir y simplificar geométricamente la realidad, soslaya el hecho crucial de que todo comenzó con cierto deambular imaginativo, semejante al delflâneur surrealista, en el que el artista fue arrebatándole fotográficamente instantes de belleza a un entorno laboral marcado por la utilidad económica de la industria petrolera. Fotografías de las estructuras metálicas de la sede barrameja de ECOPETROL que, tras pasar por un editor de imágenes para revelar el calor emitido durante sus horas de funcionamiento, terminarían convirtiéndose en enigmáticas pinturas de campos de color fracturados, recortados o superpuestos. Una transformación estética que, en apariencia, desembocaría en un conjunto de plácidas superficies articuladas en los lienzos, ajenas al movimiento del mundo y de sus circunstancias; pero que, una vez se toman en serio sus polígonos irregulares tendentes a la disolución, dejaría entrever el precario equilibrio de una fuerza centrífuga que lucha internamente por desplazar el color fuera de los límites del plano e invadir las paredes inmediatas con sus deliciosas tonalidades encarnadas. Algo que ojalá llegue a darse más adelante, en otra oportunidad, para que así, tras saltar del plano, las figuras terminen invadiendo la totalidad del espacio museográfico con su luminosa sensualidad cromática y su capacidad de devolverle a la pintura abstracta la emoción lírica que alguna vez la hizo tan excitante.
Termografía V / Acrílico sobre lienzo (150 x 200 cms) | Fotografía cortesía del artista
BUENO, ¿Y A QUÉ PINTORES SATANDEREANOS HAY QUE SEGUIRLES AHORA LA PISTA?
Si se tiene en cuenta que la última exposición de Máximo Flórez Ramírez –un artista del que ya debería existir una investigación monográfica decente que lograra ubicarlo historiográficamente dentro de los lenguajes de la abstracción en Colombia desde la década del setenta– fue una retrospectiva de su obra (o al menos yo, por andar de despistado, no me di cuenta de que se trataba de obras nuevas), si se considera que Pablo Rincón se dedicó este año a sacar las conclusiones escultóricas de sus trabajos bidimensionales, y si se tiene en cuenta que nadie sabe muy bien en qué carajos anda Augusto Vidal –bueno, a excepción de su participación en la convocatoria para intervenir con pintura industrial ciertas Hormigas hechas en fibra de vidrio, las cuales, para alegría del pueblo, terminaron ubicadas en el espacio público del centro de la ciudad (el denominado Paseo del comercio)– debo reconocer que, en últimas, estos dos artistas la tuvieron bien fácil a la hora de posicionarse como los artífices de dos de las mejores exposiciones que se han podido ver por acá en este 2015. Después de todo, tanto Lithos (Centro Colombo Americano de Bucaramanga) de José Sánchez, como Arterias de Santander(Fundación Artemisia / Beca de creación de la Gobernación de Santander) de Jonathan Blanco, si bien auguran buenas nuevas para el futuro, se articularon más como ilustraciones conceptuales de ingeniosas ideas y no tanto como osadas apuestas subjetivas por la revitalización del arte abstracto en Santander –otrora conocida como tierra de pintores (¡je, je, je!).

Martín Alonso Camargo Flórez

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